Alguien estaba muy airado.
Insultó a Buda;
luego se avergonzó y al día siguiente
acudió ante Buda a pedirle perdón.
Buda estaba asombrado y le dijo:
“Eres un hombre extraño.
Insultas a una persona y luego
le pides perdón a otra”.
El hombre le dijo, “¿Qué estás diciendo?
¿Soy yo el que soy extraño o lo eres tú?
Vine ayer y te insulté.
Me arrepentí y no pude dormir”.
Buda le dijo:
“Por eso es por lo que te estás repitiendo.
Yo pude dormir
y ahora soy un hombre distinto.
El río ha seguido su curso.
No es la misma orilla
y yo no seré el mismo otra vez.
Por eso estás en dificultades,
porque no puedes pedir perdón
a un hombre al que nunca encontraste.
Si yo me lo encuentro alguna vez,
le diré todo lo que me has dicho”.