Ya fattah!

Ya fattah!

En la espiritualidad no hay posibilidad de discutir.
La espiritualidad no conoce nada de discusión.
La espiritualidad conoce de dialogo.
La espiritualidad no conoce de argumento.
Por eso el sufismo no tiene ningún argumento en él.
Tiene saber pero no argumento.
Un maestro puede compartir lo que sabe pero no hay
Discusión en ello.

Kabir y Farid, dos místicos, se encontraron y se
sentaron silenciosamente por cuarenta y ocho horas y ni una palabra fue emitida.
No había necesidad.
Ambos se miraron los ojos y encontraron la misma realidad.
Eso pasaría si Jesús se topara con Buda.

Si Zaratustra se topara con Laotzu.
¿Qué hay que decir?
Tu sabes que el otro sabe, no hay manera de hablar, no hay nada que hablar.
Recuerda, tu puedes poseer poder, pero no puedes poseer a Dios,
por lo tanto el poder nunca puede ser espiritual.
Con Dios, tú tienes que ser poseído por él,
Tú no lo puedes poseer, si tú puedes poseerlo, entonces el ego estará allí.

El sufismo insiste en la entrega.
Entrégate y sé poseído por Dios.
No trates de poseerlo, no trates de agarrarlo
No trates de poseer a Dios. No trates de agarrarlo.
Muchos comienzan con esa idea.
Solo encuentras a Dios cuando desapareces.

Viajera….
Para caminar por los acantilados, uno debe tener las manos libres.
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Escuchando la voz del Maestro

El sufismo centra su preocupación en la transformación del corazón para la unión con Dios. El gran místico al-Ghâzâli (s. XI-XII) advierte contra la tentación de caer en un espiritualismo individualista y cita un dicho atribuido a Jesús.

“Jesús, la paz esté con él, vio a un hombre y le preguntó: “¿Qué haces?” – El otro respondió: “Estoy adorando a Dios”. – Jesús replicó: “¿Y quién se cuida de tu subsistencia?” – “Mi hermano”, [respondió]. [Jesús le dijo:] “Pues bien, tu hermano es mejor adorador que tú”.

al-Ghazâlî