Inconquistable aún hoy, florece en febrero

Más allá de la noche que me cubre
negra como el abismo insondable,
doy gracias al dios que fuere
por mi
invicta alma.
En las azarosas garras de las circunstancias
nunca me he lamentado ni he pestañeado.
Sometido a los golpes del destino
mi cabeza está ensangrentada,
pero erguida.
Más allá de este lugar de cólera y lágrimas
donde yace el horror de la sombra,
la amenaza de los años me encuentra,
y me encontrará,
sin miedo.
No importa cuán estrecho sea el portal,
cuán cargada de castigos la sentencia,
soy el amo de mi destino:
soy el capitán de mi alma.

William Ernest Henley
1875 Invictus
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Sagrados libros

” Grábame como un sello sobre tu corazón;
llévame como una marca sobre tu brazo.
Porque fuerte es el amor,

como la muerte,
e inexorable la pasión,
como el sepulcro.
Divina llama es este ardiente fuego

del amor;
ni los más profundos mares pueden apagarlo,
ni todos los ríos juntos ahogarlo “

Cantar de los Cantares 8,  6-7a

Li Tai-Po

Entre las verdes montañas…
reiría silenciosamente
mi alma está en la calma
el capullo del duraznero
sigue el movimiento del agua;
hay otro cielo y otra tierra
mas alla del mundo de los hombres…

¿Por qué sonríen los buddhas?

    Que me convierta en un tesoro inagotable
para los pobres y destituídos.
    Que me transforme en todo lo que necesiten
y esté siempre a su disposición.
Un poema budista para la vida moderna
Kelsang Gyatso

Naturaleza… de corazón

¡ Oh maravilla !
Liberarse una misma
de las espinas de la ignorancia y la maldad,
la impronta del ciclo de las existencias.
Estimando a los demás más que a mi misma.
¡ Qué maravilla !
Fragancia de ese corazón sin obstrucción
alegría sin traza de oscuridad.
¡ Más allá, vamos amado mío,
adentrémonos en la espesura,
vamos más allá !
¡ Qué maravilla !

Se cierra Septiembre

Aquí todo es de verde y azul mar,
ni hojas secas ni fríos ni tormentas
sólo las erguidas e inalterables palmeras
El cielo ilumina, crece la marea
Septiembre cierra sus puertas.

Diez toros: A modo de prólogo.

En el camino que se recorre en el Zen, la iluminación proviene de uno mismo. En consecuencia, ha de ser uno mismo quien ha de reconocer los pasos progresivos de la conciencia que conducen de forma progresiva al instante de la iluminación. De eso tratan estos textos y las ilustraciones recogidos bajo el título de “Diez Toros”. Su origen data del siglo XII, cuando el maestro chino Kokuan dibujó los cuadros de los diez toros, basándose en los anteriores toros Taoistas y escribió los comentarios en prosa y verso que aquí se han traducido. Su versión era puro Zen, yendo más allá de las anteriores versiones, que habían terminado con la nada del octavo cuadro. Esta pequeña obra, desde siempre ha sido una fuente constante de inspiración para estudiosos, y muchas otras ilustraciones de los toros de Kokuan se han hecho a través de los siglos. Las ilustraciones que se reproducen aquí son las versiones modernas de Kyoto tomadas de notas del artista Tomikichiro Tokuriki, descendiente de una larga línea de artistas y propietarios de la casa de té Daruma-do (Daruma es el nombre Japonés para Bodhidharma, el primer patriarca Zen). Sus grabados son tan deliciosos, sugerentes y al mismo tiempo tan significativos como deben haber sido los cuadros originales de Kokuan. El texto es la adaptación y traducción de la primera edición de Nyogen Senzaki y Paul Reps.

El toro es el principio eterno de vida, la verdad del propio ser en la acción. Los diez toros representan la secuencia de pasos en la realización de la verdadera naturaleza de uno mismo. Esta sucesión es tan audaz y potente hoy como lo era cuando Kokuan (1100-1200) la desarrolló a partir de trabajos anteriores y realizó sus cuadros de toros. La comprensión del principio creativo trasciende cualquier tiempo o lugar. Los diez Toros son más que poesía, más que cuadros. Es una revelación espiritual que se manifiesta de forma paralela e inagotable, en cada universo de historia y de aparición de sentido de nuestra experiencia humana. Pueda el lector, como el patriarca Chino, descubrir las huellas de su potencial interno y, llevando su báculo y el odre de vino de su deseo más profundo a buen puerto, frecuentar el mercado y facilitar la iluminación a otros.

Nyogen Senzaki y Paul Reps